Escribir sobre viajes también es viajar

No hay nada como esa pequeña sensación de vacío cuando el avión despega del suelo. Esa felicidad de llegar a una nueva habitación de hotel, dejar tus cosas de manera rápida y contemplar tu “casa” para las próximas noches. Llenar tu cámara de nuevas fotos, tu Facebook de nuevos amigos y tu vida de nuevas experiencias.

Escribir sobre viajes también es viajar

 

Y aun así, al escribir sobre viajes ─y leer─, siento que una parte de mi ha estado ahí. He descrito el delta del Okavango, en Botsuana, cientos de veces: he navegado entre sus fotos como si lo hiciera en uno de sus mokoros ─la embarcación tradicional de la región─, he sentido el frescor de los humedales al despertar en uno de sus campamentos y podría describir la sensación de recorrer sus parques naturales en un 4×4 y descubrir elefantes, leones y jirafas.

Sin haber estado.

A través de Paco Nadal puedo decir que he recorrido medio mundo. Los documentales de La 2 ─si, al volver a África he recuperado varios de ellos─ están haciendo que conozca el Serengueti o el Parque Nacional Kruger como la palma de mi mano. A pesar de nunca haber estado en Roland Garros o Wimbledon, conozco a la perfección sus instalaciones y no me es dificil imaginarme el ambiente que se respira. Y ni siquiera eran textos turísticos: simplemente buenas crónicas.

El reto de escribir sobre viajes

Creo que escribir contenido relacionado con viajes y turismo es un gran reto: buscar transmitir algo que de base es totalmente imposible, donde tienes que combinar información pura con inspiración; ser realista sin dejar de soñar. Y precisamente esta dificultad añadida es la que lo hace más especial y me ha convencido de que quiero dedicarme a ello.

Siendo realistas, no todos podemos viajar a todos los lugares del mundo. Porque no queremos ─no me imagino Siberia o las industriales calles de Detroit como destino turístico─, porque no tenemos los recursos ─Las Vegas o el Caribe suenan bien, pero…─ o porque directamente no podemos ─prueba a visitar Corea del Norte o algunas islas remotas del pacífico─, la realidad es que no siempre dejaremos nuestra huella.

Es nuestro reto, el de periodistas de viajes, redactores, periodistas, etc. el de transmitir tantos lugares como nos sea posible. Escribir sobre viajes y llevar Madagascar a revistas; el desierto mongol a familias de todo el mundo; las rutas a pie de Sudamérica a distintas páginas webs. Es nuestro reto informar de que ahí fuera existen lugares maravillosos que merece la pena visitar.

Y, sobre todo, es nuestro reto hacerlo bonito, con personalidad y diferenciación. Crear una sensación de querer saber más y volar.

Es un reto que me encanta y que, sintiéndome el primer aludido, acepto con todas sus consecuencias.

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