Ayer me olvidé la lista de la compra y esto fue lo que pasó

Llámalo vieja escuela o llámalo como quieras, pero soy de los que sigue escribiendo en papel. En mi escritorio siempre hay un par de libretas y, si no está por escrito, prácticamente NO EXISTE


La lista de la compra no es una excepción. Aunque no suele variar demasiado de una vez a otra, siempre intento ponerla por escrito. Lo escribo de cabeza, luego voy a la cocina y reviso


Ayer tenía la lista escrita. Sobre mi mesa (cierro los ojos y veo donde estaba). Me vestí. Cogí las bolsas, me puse las zapatillas y bajé al mercado. 


Cogí número y, mientras esperaba, lancé mi mano al bolsillo…


… y ni rastro de la lista. 


No estaba.


Cerraba los ojos y veía dónde la había dejado… pero no, no lo había cogido. 


De cabeza, fui comprando lo que necesitaba. Fui al siguiente puesto y lo mismo. Y cuando llegué a Mercadona, igual. 


(Por cierto, se agradece que haya terminado el “pensamiento apocalíptico” y ya haya de todo)


Subí a casa, guardé toda la compra y al revisar la lista de la compra… Sorpresa. 


Lo había comprado TODO. El calabacín, la pasta, el muesli para desayunar… todo. 


A la hora de escribir una página web, hay muchísimas cosas a tener en cuenta. Más de 50, quizás más de 100. Storytelling, generar confianza, mover emociones, hablar a tu público, incluir una garantía, esta foto en ese lugar, estas palabras que digan esto. 


En serio, hay MUCHÍSIMAS COSAS. Si te dedicas a esto o lo has intentado alguna vez, sabrás de lo que hablo. 


En su día las escribí. Cuando leo un email que me gusta, escribo lo que me ha gustado. Cuando veo una lección en un documental, la escribo. 


Y así con todo. 


Cuando me pongo delante de un proyecto nuevo, no tengo que rebuscar entre cientos de papeles o perder horas leyendo esto o aquello. 


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